Enfadarse es sano
Desde pequeños nos han enseñado que está bien expresar emociones positivas, como la felicidad o el amor, pero que no está bien hacerlo con las negativas, como el enfado, el miedo o la ira. Esta represión lleva al niño a no saber manejar dichas emociones y a que el único mecanismo con el que cuente para hacerlo sea, efectivamente, la represión de dichos sentimientos.

Cuando crecemos y llegamos a ser adultos, a menos que en el camino hayamos aprendido a expresar dichas emociones de forma correcta, las seguimos reprimiendo y negando. Cuantas más emociones negativas reprimimos, peor nos sentimos. Nos mentimos a nosotros mismos diciendo que no tiene importancia, que estamos bien, aunque realmente nos sintamos realmente dolidos. Y esto lo hacemos en todos los ámbitos de nuestra vida, tanto en la pareja, como con nuestra familia, con los amigos o en el trabajo.

El problema es que las emociones que se acumulan buscan una vía de escape, lo que suele llevar a la explosión emocional ante estímulos que en sí no tienen importancia, explosión que suele tener consecuencias negativas para nosotros, porque podemos hacer daño al otro, dar mala imagen en el trabajo o romper relaciones con familiares durante años.

Además, la represión de emociones negativas puede llevarnos a sufrir trastornos psicológicos, como las adicciones de todo tipo o trastornos alimenticios. También trastornos físicos, especialmente los trastornos digestivos, y otros como dolores de cabeza, erupciones en la piel, contracturas, etc.

Por ello, cuando te enfades, te sientas dolido, o algo te moleste, es conveniente que expreses dichas emociones, eso sí, siempre de forma correcta, sabiendo que tienes derecho a sentir lo que sientes, pero que tienes que respetar a los demás en la expresión de dichos sentimientos