Enseñar a los niños a controlar sus emociones
Cuando son pequeños, los niños no saben controlar sus emociones. Ríen a carcajadas, lloran a gritos y chillan a pleno pulmón intentando expresar todo lo que sienten. Es precisamente esta espontaneidad lo que tanto nos atrae a los adultos de los niños, porque nos recuerdan al niño que fuimos. Sin embargo, según van creciendo, los niños necesitan aprender a autocontrolar sus propios impulsos y acciones, para así poder manejarlas de cara a evitar consecuencias negativas derivadas de las mismas.

El autocontrol no significa en modo alguno represión. Mientras que la represión de las emociones del niño le llevará a, cuando sea adulto, no poder comprenderlas ni manejarlas, el autocontrol le va a permitir exactamente lo contrario, impidiendo que la tristeza, la ira, la negatividad y emociones parecidas se adueñen de él. Lo que debemos hacer en situaciones en la que veamos que el niño es dominado por dichas emociones es dialogar con él, tranquilamente, explicándole cómo debe comportarse y por qué, siempre de un modo adecuado a su edad y sin impedir que el niño se exprese.

Según los psicólogos, la edad perfecta para comenzar a inculcar en el niño el autocontrol es en torno a los dos años y medio, que es cuando el niño comienza a interactuar con el resto del mundo y a socializarse, sobre todo con el comienzo de la asistencia a las guarderías.

La mejor manera de que el niño comience a aprender a autocontrolarse es mediante el ejemplo de sus padres. Si sus padres se comportan de este modo, el niño irá interiorizando este modelo y, mediante la imitación, comenzará a actuar igual que ellos.

Mediante juegos, simulaciones o actividades del tipo “¿Qué harías sí…” podemos ir enseñando al niño a desenvolverse en las distintas situaciones a las que tenga que hacer frente tanto en casa, como en el colegio o en el parque.