Equilibrar el dolor y la tristeza
La vida es un juego de equilibrios que no siempre resulta del todo consciente. De hecho, el dolor es totalmente involuntario, se produce en el momento más inesperado y en circunstancias adversas. La tristeza, en esencia, intenta evitarse, sencillamente, porque produce malestar y energía negativa. Sin embargo, es imposible huir de algo cuando te afecta y te implica en primera persona. El dolor si se alimenta, puede llegar a ser infinito. Por ello, conviene aprender a compensar las emociones. ¿Cómo se logra este objetivo?

Tomando conciencia de ellas. Por ejemplo, después de la decepción de saber que no eres el elegido en una entrevista de trabajo, puedes darte el premio a ti mismo de dedicarte la tarde para ti, es decir, de hacer un plan que te encante. Por ejemplo, ir al cine a ver tu película favorita. Del mismo modo, después de un día interminable en la oficina, puedes disfrutar del placer de un helado para saborear una tarde de verano. Se trata de hacerte la vida agradable, incluso, cuando las circunstancias son poco favorables. A través del placer, se mitiga, en parte el peso infinito de la tristeza.

Y aunque parezca contradictorio, también conviene equilibrar la alegría cuando es extrema. Es decir, conviene tener los pies en el suelo, por ejemplo, en la etapa inicial del enamoramiento. Se trata de dotar de más realidad a la emoción en una etapa, en la que por pura lógica, la idealidad es extrema (en ese momento, todavía no se conoce al otro). Las emociones también se equilibran a través de la palabra. Es decir, es importante poner palabras a los sentimientos, poder exteriorizarlos y compartirlos con alguien de confianza para reestructurar el mundo emocional. Alimenta tu universo emocimonal y busca motivos para la esperanza incluso, cuando el peso del dolor sea inmenso.