¿Eres un impostor?
Existen personas que teniendo éxito profesional, habiendo llegado muy alto en sus carreras, no son capaces de disfrutar de dicho éxito. Día tras día, no pueden evitar que se ha debido, en gran parte, a la suerte, que ellos no valen tanto como la gente cree y que, un día u otro, se descubrirá dicho fraude y todos se darán cuenta de que ellos, realmente, no valen, y por tanto no se merecen dicho éxito. Estas personas sufren lo que se denomina el fenómeno del impostor.

Esta denominación fue dada por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes después de trabajar con un grupo de mujeres que desempeñaban altos cargos en empresas punteras del país. Estas mujeres no eran capaces de asumir el éxito como propio, sino como fruto de la casualidad, los buenos contactos o incluso un golpe de suerte. Más tarde descubrieron que no es un fenómeno que se dé sólo en las mujeres, sino que también afecta a los hombres y que puede ocurrir en cualquier profesión en la que uno haya logrado cierto éxito profesional.

Este fenómeno del impostor puede en muchos casos ser casi paralizante, ya que evita que intentemos nuevos desafíos ante el miedo a que nuestra falta de valía sea descubierta.

En cierto modo, todos nos sentimos de este modo en un momento u otro, cuando tenemos que hablar ante un público o cuando recibimos un ascenso. No podemos evitar pensar que quizá realmente no estamos preparados para ello, que no somos la persona más idónea para el cargo y sentimos vértigo ante el hecho de haber parecido más competentes o capaces de lo que en realidad somos.

Si la sensación o el pensamiento es transitorio, sólo denota una falta de seguridad. Si incide en más áreas de nuestra vida, paralizándonos e impidiéndonos avanzar, deberemos preguntarnos de dónde viene esa idea de ser un impostor.