¿Es bueno ser muy sensible?
La sensibilidad es una cualidad muy positiva de un ser humano en tanto que le hace apreciar los pequeños detalles y matices que tal vez, pasan desapercibidos para otras personas. De hecho, la sensibilidad es una cualidad que incluso, puede aplicarse al trabajo y al plano laboral. Así sucede en el caso de los escritores, pintores, músicos y demás artes. Además, la sensibilidad también se cultiva a lo largo de los años para que siga viva y crezca.

De lo contrario, también puede suceder que una persona muy sensible deje de serlo y se encierre en sí misma tras acumular muchas decepciones a sus espaldas. No es fácil encontrar el equilibrio en la vida a la hora de medir hasta dónde conviene ser sensible o no. Pero la realidad es que a veces, se puede sufrir más de la cuenta en las relaciones interpersonales por temas que no son tan importantes pero el sujeto los aprecia como tales. Desde esta perspectiva, es relativamente fácil herir la sensibilidad ajena a raíz de un comentario dicho de una forma inapropiada o en el momento más inesperado. Incluso, una broma puede herir a alguien que no la recibe como tal.

Conviene matizar que existen momentos de la vida en los que la persona está más o menos sensible dependiendo de sus propias circunstancias. Por ejemplo, cuando alguien acaba de perder a un familiar cercano, sufre un periodo de duelo en el que sufre por muchas cosas. En cierto modo, un momento triste potencia la sensibilidad al máximo. De hecho, de forma curiosa, muchos de los grandes poemas de amor están escritos en un momento de profundo desamor ya que resulta más sencilla la inspiración que favorece la introspección en un momento de dolor que de alegría.

La sensibilidad es bonita y una cualidad propia de la persona. Por ello, siempre es importante practicar la aceptación de la propia identidad.