Estar solo y sentirse solo
Los seres humanos somos seres sociales, es decir, que necesitamos de la compañía de los demás para nuestro correcto desarrollo psíquico y emocional. Esto hace que ninguno de nosotros pueda vivir sin el contacto de los demás, o al menos de una sola persona.

Esto no significa que no podamos estar solos. De hecho, estar solo es beneficioso a nivel psicológico, ya que nos permite encontrar momentos de tranquilidad para pensar en nosotros mismos, determinar cuáles son nuestras necesidades y hacer valoración sobre nuestras vidas. Muchas veces el crecimiento individual necesita de esos periodos de soledad.

Sin embargo, no es lo mismo estar solo que sentirse solo.

Una persona puede estar sola y no por ello sentirse sola, sino que se siente acompañada por amigos, familiares u otras personas con los que, aunque no estén con él en ese momento, mantiene una conexión que le hace formar parte de un grupo social y evitan la sensación de soledad.

El problema se da cuando nos sentimos solos. Podemos sentirnos así independientemente de que estemos solos o acompañados, ya que el sentimiento se produce cuando sentimos que no podemos encontrar a nadie con quien con quien nos sintamos identificados, alguien que sea nuestro reflejo como ser humanos. No es necesario que ese alguien sea una pareja, sino que puede ser también un amigo, un profesor o un compañero de cualquier actividad.

Es en este caso cuando la soledad puede convertirse en una emoción devastadora, porque la persona que la experimenta siente que siempre estará sola, que la situación no va a cambiar, entrando en un círculo vicioso en el que, al sentirse incapaz de conectar con los demás, pasa más tiempo solo, lo cual incrementa a su vez la dificultad de relacionarse con los demás, proceso que sólo terminará cuando se decida a cortar dicha cadena de pensamientos y comience a intentar relacionarse de nuevo con los demás, buscando grupos de personas que tengan intereses afines.