Estrés crónico, cuando relajarse es imposible
Normalmente, el estrés aparece en situaciones puntuales en las que se produce un cambio o una ruptura en nuestra rutina, lo cual nos provoca ansiedad y la aparición del denominado estrés agudo. Sin embargo, si el estrés se prolonga en el tiempo, el estrés agudo pasa a ser crónico y deja de ser limitado en el tiempo para ser continuo. Esto puede venir dado por el hecho de que la situación estresante se prolongue en el tiempo o porque la persona no sea capaz de resolver la situación que ha dado lugar al nacimiento del estrés, como problemas laborales, de pareja o familiares.

Aunque normalmente asociamos la aparición del estrés a la vida adulta, el ritmo de vida cada vez más rápido que llevamos y la mayor exigencia en las diferentes etapas de la vida hacen que este tipo de estrés se esté dando también en adolescentes e incluso en niños.

El estrés crónico genera la aparición de una serie de síntomas aparejados a la enfermedad, como son el cansancio excesivo, problemas digestivos, trastornos del sueño, ansiedad, deseo de estar solo, dolores de cabeza, dolor de espalda o dificultad de concentración.

También pueden aparecer otros síntomas como agresividad debida a la falta de sueño y a la ansiedad o fuertes cambios de humor, eccemas, incapacidad de terminar las tareas que se empiezan, hipertensión.

Si el estrés se prolonga mucho en el tiempo, puede desembocar en depresión e incluso en tentativas de suicidio del sujeto que lo padece. Por ello es importante que quien no logra manejar la situación que ha dado origen al estrés solicite la ayuda de un especialista.

El tratamiento se hace desde distintos frentes, controlando que el paciente lleve una dieta equilibrada, haga ejercicio con regularidad, así como mediante técnicas de control del estrés, técnicas de relajación e incluso aficiones que al sujeto le resulten relajantes.