Excusas para no intentarlo
La vida es un riesgo tras otro, pero ese riesgo no tiene nada que ver con la sensación de un salto al vacío. En caso de que tuviéramos que vivir así, entonces, sería imposible desconectar del vértigo que produce lo desconocido. Evidentemente, en la vida sí que te encuentras con encrucijadas, con la sensación de estar inmerso en un laberinto y no saber cuál es la respuesta.

Sin embargo, esta sensación es puntual. Por suerte, existen muchos grados diferentes a la hora de arriesgar y de apostar por aquello que te importa. Puedes empezar por tomar decisiones en tu día a día incluso en relación con los detalles más pequeños. Hay personas que viven a la expectativa, viendo que siempre es otro quien toma las decisiones por ellas.

Pero en general, da miedo arriesgar porque asusta sufrir. Es decir, porque la mente humana muchas veces se pone en lo peor, en aquello que puede fallar, en todo lo que se puede perder y en lo que puede salir mal. ¿Pero por qué no pensar en positivo? Es decir, merece la pena vivir con una meta alcanzable y no ir postergando los deseos como si la vida fuera eterna.

Como si el destino te diera un margen de mil años. La realidad es que el calendario vuela, los días pasan y es una pena que muchas personas tengan una sensación de vacío infinito dentro de sí mismas. De hecho, hay personas que tienen la sensación amarga de estar un poco muertas en vida. Sencillamente, porque no actúan, no luchan, no apuestan. Toda apuesta implica el riesgo de perder, es verdad, pero cuantas más veces apuestas más opciones tienes de ganar, de ilusionarte, de amar y de vivir. Incluso, el sufrimiento tiene un sabor un poco más dulce cuando estuvo causado por la valentía, la fuerza y el valor.