Éxito y fracaso dependen de cómo te hablas a ti mismo
Lees un gran número de libros de autoayuda, realizas afirmaciones diariamente delante del espejo e intentas con todas tus fuerzas lograr los objetivos que te propones. Sin embargo, por una razón o por otra, parece que nunca los consigues y que siempre terminas casi en el mismo punto del que partiste. Tantas tentativas frustradas pueden hacer que termines tirando la toalla, porque no entiendes por qué siempre te ocurre lo mismo. La respuesta está más cerca de ti de lo que imaginas.

Y lo que ocurre es sencillamente, que se te olvida prestar atención a uno de los aspectos más importantes a la hora de lograr tus objetivos, como es el diálogo interno o autodiálogo. Estamos tan acostumbrados a él que pocas veces nos paramos a escuchar lo que decimos y pensamos de nosotros mismos.

Si prestáramos atención, nos daríamos cuenta de que muchas veces todo lo que escuchamos son frases como esta: “Es que son un imbécil. Mira que haberme equivocado al redactar el informe…”. “Mira que eres torpe, ya te has vuelto a manchar con el café”. “Tonto, que eres tonto”. “Si yo no tengo suerte…” y podríamos seguir así hasta el infinito. Seguramente a un amigo o a una persona que aprecias nunca le hablarías como lo haces contigo mismo. Hablándonos de este modo lo único que logramos es minar la confianza en nosotros mismos y perpetuar lo que queremos cambiar.

Para evitar esto, debemos estar atentos a lo que nos decimos a nosotros mismos y tratar de “cazar” todas las valoraciones negativas que nos hacemos en el momento que aparecen. Una vez lo hayas hecho, debes convertir cada pensamiento negativo en una valoración positiva: “Puede que haya tirado el café, pero eso no significa que sea torpe”, etc. Al principio te parecerá raro, pero haciéndolo estás comenzando un cambio en tu mente que poco a poco se trasladará a tu vida.