Mi experiencia con las Terapias Neurocientíficas: el Coaching Wingwave
Hace más de 10 años, mientras regresaba a casa, crucé un descampado con matorrales y hierbas altas. A lo lejos divisé una figura que se movía a gran velocidad hacia mí.

Cuando se acercó pude contemplar con horror que se trataba de un Pastor alemán, el cual se abalanzó encima de mi pierna derecha. No sólo sufrí una grave herida física, sino emocional. A partir de ese episodio cruzaba la calle cada vez que veía un perro o me ponía el abrigo o la maleta en el costado como un acto reflejo de protección.

Pasaron los años y acudí a una formación de una terapia basada en los últimos descubrimientos de las Neurociencias aplicadas a la psicoterapia, el Coaching Wingwave. Esta metodología nació en Alemania de manos del matrimonio Cora Besser y Harry Siegmund. Fue sorprendente el percibir como con pocas sesiones logré superar mi trauma a los perros. Pero quizás lo que más llamó mi atención fue el descubrir que el origen de mi terror se hallaba en mi infancia.

El Coaching Wingwave es una potente metodología que combina 3 elementos: los Movimientos Oculares Rápidos (MOR), que permiten reprocesar las emociones encapsuladas; el feedback y la sintonía de la Programación Neurolingüística (PNL), para poder generar un buen vínculo con el cliente; y un test bi-digital o kinesiológico, que permite detectar pequeñas respuestas inconscientes de estrés. Fue a partir de este test, como la terapeuta me ayudó a descubrir el verdadero origen de mi fobia. Como un destello de intensa luz, el recuerdo apareció en mi consciencia.

La imagen de mi abuela contándome de pequeño como su perro, le había mordido en el pie causándole una intensa hemorragia. Yo con apenas cinco años, observaba con una mezcla de miedo y de asco su cicatriz. Aquel recuerdo del pasado, de la etapa de la impronta (del nacimiento hasta los seis o siete años), estaba sustentando los síntomas del miedo a los perros. Claramente, el incidente del descampado había añadido material traumático, pero era fundamental reprocesar el origen.

Así que a continuación, la terapeuta me indicó que conectara con la emoción del miedo y del asco, y también con la sensación corporal de nervios y de tensión en el pecho y en la barriga. Acto seguido, inició el trabajo con los sets o aleteos (moviendo su mano rápidamente de derecha a izquierda, mientras yo la seguía con los ojos).

Con unos minutos de trabajo, sentí un gran alivio, y mi respiración fue cada vez más profunda y tranquila. El miedo y el asco estaban disminuyendo de intensidad. Después de proseguir con este trabajo, mi cuerpo se relajó y fui capaz de mostrar una ligera sonrisa. ¿Qué había ocurrido? ¿Cómo era posible que mi miedo y mi asco hubieran desaparecido?

A través de los Movimientos Oculares Rápidos, ayudamos a nuestro cerebro, concretamente a la amígdala a que reduzca la señal de activación y la segregación de hormonas asociadas al estrés. Hacemos de forma artificial lo que el cerebro realiza cada noche a través de la fase de sueño profundo (fase REM).
Percibí un estado de relajación de todo mi organismo. El miedo y el asco habían dejado paso a la tranquilidad y a la valentía.

Un tiempo después un conocido apareció en mi consulta con su mascota. Concretamente se trataba de un perro de raza Bull Terrier. Que sorpresa me llevé cuando pude acariciarlo sintiéndome libre de toda clase de tensiones.

Artículo escrito por Oriol Lugo.
Psicólogo, Coach Ejecutivo y Personal Máster Practitioner de PNL y experto en Terapias Neurocientíficas.