Exteriorizar sentimientos
No siempre es fácil mostrar los sentimientos. Depende en parte del momento de la vida en que te encuentras y también de tu nivel de fortaleza interior. Por ejemplo, cuando estás en un momento de debilidad emocional y con la sensación relativamente reciente en la memoria de que alguien del pasado redujo tu valor a cero, te resultará muy difícil tener la valentía de mostrar interés abiertamente por alguien, que realmente, te despierta esa sensación. Cuando se está en esa etapa de miedo, es más normal esperar a que sea el otro quien tome la iniciativa de mostrar ganas de conocerte, porque en parte, si no tiene la valentía de dar ese pequeño paso, entonces, tal vez es que tampoco tenga un interés tan fuerte.

Sin embargo, no es del todo justo pensar así, puesto que todas las personas arrastran sus conflictos y sus miedos. Y estos miedos afloran especialmente, a la hora de conocer gente nueva. Con la gente con la que tenemos confianza nos movemos en el terreno de lo conocido, no sabemos qué pasa por la mente ajena, sin embargo, ante la novedad surge el vértigo de la incertidumbre y del no saber qué pasará.

No sólo surge esta sensación en el amor sino también, en la amistad donde por supuesto, se depositan, expectativas, ilusiones y sueños. Pero está claro que la decepción también es posible en este ámbito, por ello, siempre es bueno tener prudencia, dar tiempo al tiempo y aprovechar las oportunidades que se cruzan en nuestro camino a la hora de conocer gente nueva.

En el ámbito familiar también es bueno aprender a exteriorizar los sentimientos: decir te quiero, dar las gracias y mostrar el cariño sin pudor y sin miedos porque la verdad es que no hay nada más bonito que aprender a comunicar la verdad que habita dentro de uno mismo.