Falso concepto de humilidad
La humildad es excelente para caminar por la vida. Es esa virtud que te ayuda a comportarte del mismo modo tanto en los momentos de éxito como ante una derrota. Sin embargo, a veces, la humildad se confunde con la falsa modestia. Es decir, con la noción de que uno mismo no debe reconocer sus cualidades positivas o su potencial. Nada más lejos de la realidad, la humildad te hace ser consciente de tus defectos pero también, de todas tus virtudes y de lo bueno que hay en ti.

Por ello, cuando alguien elogie un punto de tu personalidad o de tu aspecto físico, lo que debes hacer es recibirlo con asertividad. ¿Cómo? Diciendo, sencillamente, gracias. Y es que, todavía queda mucho camino por recorrer a la hora de aprender a recibir los elogios con la actitud adecuada, sencillamente, porque la mente humana está más acostumbrada a la crítica negativa que a la positiva.

La soberbia es la actitud contraria a la humildad. Es esa prepotencia en la rutina diaria que muestra una forma de superioridad muy poco recomendable porque al final, conduce a la soledad. Por ello, conviene evitar la soberbia pero también, el falso concepto de humildad.

Tienes un talento dentro de ti y debes ponerlo en práctica ya que de este modo no sólo te estarás ayudando a ti mismo sino también a los demás. Por ejemplo, sería una pena que los grandes pintores no hubiesen puesto en práctica su arte ya que el público no hubiese podido disfrutar de ese gran regalo. La humildad implica amabilidad en el trato, ayuda a los demás, generosidad, alegría e ilusión por vivir la vida en compañía de otras personas. De hecho, la humildad potencia los vínculos afectivos, la amistad y el amor. Además, también aporta luz, autenticidad y verdad.