Falta de tolerancia a la frustración
En la vida no es agradable hacer frente a cierto tipo de situaciones, por ejemplo, no lograr un objetivo personal, hacer frente a una ruptura sentimental, superar el rechazo de la persona que te gusta, sufrir una enfermedad, perder un empleo… Estos son sólo algunos de los ejemplos reales de casos que te pueden afectar en primera persona en algún momento. Pues bien, la falta de tolerancia a la frustración consiste precisamente en eso, en la falta de recursos emocionales que tiene el sujeto para aceptar los acontecimientos negativos de forma asertiva.

En ocasiones, la falta de tolerancia a la frustración procede de la infancia, es decir, puede darse en niños que tuvieron todos sus caprichos de forma rápida e inmediata. Aprender a aceptar lo bueno y lo malo que sucede en tu vida es más que necesario tanto en el plano personal como en el laboral. De hecho, hoy día, las expectativas de muchas personas se frustran al encontrar un empleo.

Un sueldo bajo, una jornada laboral poco positiva, una relación con el jefe difícil… La vida no es de color de rosa pero ahí reside el encanto. Te sería muy difícil valorar tus logros y tus éxitos dentro de un contexto perfecto. Del mismo modo, tampoco podrías superarte a ti mismo si no tuvieses la necesidad de hacerlo. La frustración, de entrada, no es agradable para nadie, produce sensaciones contradictorias, rabia e impotencia…

Pero con unos días o algunas semanas es más que suficiente para que la persona acepte lo que le ha pasado, lo asuma y actúe en consecuencia. La amistad es un valor muy importante a la hora de hacer frente a la falta de tolerancia a la frustración. Es decir, es positivo que tengas alguien de confianza cercano a ti con quien poder hablar y desahogarte sobre aquello que te sucede.