Formula bien tus metas personales
Las metas personales pueden ser tu motor de ilusión en el día a día a la hora de encarar el presente y abrir las puertas del futuro con más ilusión y fuerza. Pero también, las metas personales, planteadas de una forma equivocada pueden volverse en tu contra, hacerte sentir mal contigo mismo y frustrado. ¿Dónde reside el matiz a la hora de plantear de una forma adecuada tus objetivos personales?

En el valor que tú mismo pones en esa meta, para ello, es mejor darle un valor relativo y no absoluto, de lo contrario, el sufrimiento puede ser enorme al no lograr lo que te has propuesto. Por ejemplo, todo aquello que empieza con la expresión “tengo que”, implica una obligación, es decir, un deber. Sin embargo, ten en cuenta que un deseo no depende únicamente de ti, sino también, del entorno, de la suerte y de factores que no están al alcance de tu voluntad.

Por ello, si por ejemplo, alguien se dice a sí mismo cada día: “Tengo que caerle bien a todo el mundo”. De una forma evidente, alguien que vive con esta idea va a sufrir mucho. Es mejor plantear la meta de una forma relativa: “Me gustaría caer bien a todo el mundo, sin embargo, no pasa nada si eso no es así”.

Plantear las metas personales siendo consciente de que también están marcadas por el campo de la posibilidad, es decir, que pueden realizarse o no, te hace valorarlas muchas más en caso de que se hagan realidad. Existe otra formulación de metas que hace sufrir mucho a algunas personas: “Tengo que hacer todo bien y no puedo cometer fallos”. Recuerda que todo el mundo es imperfecto, por ello, cambia esta formulación por la de: “Me gustaría hacer las cosas lo mejor posible”.