Hablar demasiado te aparta de los demás
Existen personas que, una vez que comienzan a hablar, parecen no saber cuándo parar. Enlazan un tema con otro, hablando atropelladamente de todos ellos, sin dejar a los demás que participen o terminando sus frases cuando los demás hablan para poder continuar hablando, sin apenas detenerse ni para respirar.

Debido a esta verborrea, es habitual que estas personas metan la pata cuando hablan, bien porque hacen preguntas indiscretas sin pararse a pensar que lo son, porque cuentan algo que habían asegurado que mantendrían en secreto o porque hacen observaciones y valoraciones sobre los demás participantes en la conversación sin pararse a pensar en cómo serán recibidas por ellos.

Todo esto influye negativamente en sus relaciones personales porque, a la larga, los demás terminan dejándoles de lado, debido a su falta total de capacidad de escucha y de empatía. Sin embargo, hasta la persona más habladora puede corregir este hecho si tiene en cuenta una serie de pautas:

Lo primero es darse cuenta de que, efectivamente hablamos en exceso. Seguramente es algo que ya sabemos, porque nuestros amigos o familiares ya nos lo han dicho.

Una vez que seamos conscientes de este hecho, tenemos que permitir a los demás que hablen, que se expresen libremente sin interrumpirles, escuchando realmente lo que están diciendo sin estar pensando en lo próximo que van a decir. Esta es una estrategia que ayuda a mejorar en gran medida las relaciones personales.

Para evitar situaciones incómodas debidas a la incontinencia verbal, es aconsejable pensar antes de hablar, sobre todo cuando queremos emitir un juicio sobre los demás

Cuando quieras decir algo, trata de expresar las ideas más importantes sin perderte en miles de detalles que no tienen importancia. Si los demás desean saberlos, te los preguntarán. Si no, eliminarlos de la conversación hace que sea mucho más fluida y resulte mucho más interesante.