Hacer el bien
El ser humano es libre y tiene la capacidad de decidir. Esa libertad interna es mucho más rica cuando está encauzada hacia el bien que es una semilla de la que germina esperanza y amor. El bien se puede poner en práctica en la familia, con los amigos y en el trabajo. Lo importante es que la persona tenga una coherencia interna y sea ella misma en cualquier contexto. ¿Por qué es importante hacer el bien?

Cultivar la virtud

A través de las buenas acciones cultivas la virtud de la generosidad y de la paciencia. Además, llevas a cabo el desinterés de ponerte tú en un segundo plano para dar prioridad a otra persona y a sus necesidades. Así el egoísmo también se va educando.

El bien siempre vuelve

Cuando tú haces el bien, de una o de otra forma, esa bondad también vuelve sobre ti a través de la ley del espejo. Cuando tengas una buena acción por otra persona, valora ese gesto en sí mismo y quédate con lo bueno de haberlo llevado a cabo. Has hecho a otra persona un poco más feliz y no existe mayor satisfacción personal.

Hacer el bien

El amor mueve el mundo

El amor mueve el mundo y mejora el corazón de las personas. El bien es la mayor expresión de amor humano. Por ello, cuida tus acciones porque son un reflejo de aquello que sientes. Una relación de pareja puede romperse por completo cuando los hechos no son la muestra de las palabras. Del mismo modo, el desinterés y la falta de comunicación pueden romper una relación de amistad.

Hacer el bien podría considerarse un acto egoista en tanto que a la primera persona que beneficia es a ti. Uno de los límites de la bondad es el individualismo y la tendencia de que cada uno resuelva sus problemas. Frente a esa sociedad individualista también podría rescatarse la sociedad del bien común propia de los filósofos clásicos.