Hacer una buena acción cada día
Las buenas acciones mejoran el mundo y nuestro entorno. El voluntariado se ha convertido en todo un símbolo en el siglo XXI. Existen personas que descartan de forma automática la opción de ser voluntarias porque aseguran que no tienen tiempo, cuando en realidad, el perfil habitual de un voluntario es el de alguien inquieto que tiene muchas ocupaciones pero a pesar de ello, también disfruta haciendo una actividad de una forma altruista. Es un tópico que siempre se dice pero es cierto. Cuando haces algo que te gusta, recibes mucho más de lo que das. Y existen voluntariados que no te quitan más de una hora a la semana.

Hacer el bien

Pero más allá de ser o no voluntario en una entidad, cualquier persona puede realizar buenas acciones en su rutina cotidiana que aporten un poco de felicidad al entorno más cercano. Las buenas acciones nos ayudan a ir en contra de esa tendencia egoísta e individualista que todos llevamos dentro de nosotros. Reconocer nuestras fortalezas y también, nuestras debilidades es el primer paso para no poner excusas, no dejarnos llevar por la pereza y justificarnos en aquello que hace la mayoría para omitir responsabilidades éticas.

Hacer una buena acción cada día

El bien no se agota

No importa la cantidad de bien que hagas en tu vida que tu corazón no se va a agotar por ello. Al revés, el bien es como una semilla cuya planta crece y crece una vez que tomas conciencia de todo aquello que puedes hacer por ti mismo y por los que tienes a tu alrededor.

El bien que das repercute de una forma positiva en tu autoestima, en tu salud emocional y en la imagen que tienes de ti mismo como alguien capaz de crecer como persona.