­Haz autocrítica antes de juzgar a otras personas
Juzgar a otros es relativamente sencillo, basta con posicionarnos en el rol de ser perfectos para observar los mayores defectos en el prójimo. Sin embargo, antes de juzgar a otros, haz autocrítica y redescubre la verdadera perspectiva vital de la felicidad y de las relaciones personales. Hacerlo también nos ayuda a ser más humildes y más realistas.

Si una persona quiere cambiar su vida, debe potenciar más la reflexión interna en lugar de centrarse en exceso en juicios de valor ajenos que en lugar de ayudar a los demás a cambiar, hieren su autoestima. Porque cuando los juicios se realizan desde la rabia o desde la soberbia producen efectos negativos en el ánimo de quien los recibe.

¿Para qué hacer autocrítica?

Para vivir de un modo más consciente siendo coherente con tus palabras y acciones. Para luchar por aquello que quieres asumiendo que el mayor grado de responsabilidad sobre tu nivel de felicidad reside en tus elecciones. Juzgar a los demás implica delegar en ellos nuestra propia satisfacción con el presente. Por otra parte, los juicios de valor también suelen hacerse a la ligera porque para que sean constructivos deben ir acompañados de virtudes personales que forman parte de la ética clásica aristotélica: la virtud de la justicia y de la prudencia son la base del obrar virtuoso.

Aprovecha el tiempo

Otro de los motivos por los que merece la pena hacer autocrítica es para aprovechar el tiempo y el momento. Aspira a ser un ejemplo de aquello que reclamas en los demás. Este es el camino más sencillo y también, el más complejo para reducir los reproches. Vivir en coherencia con aquello que solicitas a otros es una buena práctica de inteligencia emocional.

Haz autocrítica antes de juzgar a otras personas

El papel curativo del amor

No existe nadie que sea perfecto y las personas que se esfuerzan por buscar la perfección en familiares y amigos son las que más sufren por tener una visión totalmente distorsionada de la esencia de las relaciones personales en donde es natural que existan conflictos. El amor es curativo en las relaciones personales cuando tiene una dosis de paciencia, comprensión y respeto hacia el otro. Especialmente, cuando se castiga con juicios de valor negativos a un familiar o a un amigo íntimo. Todos hemos descubierto el valor que tiene el perdón más cuando nos hemos sentido beneficiados por la bondad de sabernos perdonados.

Haz autocrítica antes de juzgar a otras personas
Antes de juzgar a otros, ámate lo suficientemente a ti mismo como para saber que la vida es más bonita cuando tienes personas imperfectas a tu lado pero con una luz propia. Personas que más allá de sus limitaciones tienen un potencial de realización enorme. Tal vez, querer a alguien no significa quererle únicamente por quién es a día de hoy, sino también, por quien puede llegar a ser en potencia.

¿Y qué nos enseña, principalmente, a juzgar menos y a tener más introspección? La edad. Por ejemplo, muchos hijos dejan de juzgar tan duramente a sus padres justo en el momento en el que ellos descubren en primera persona las dificultades de educar a un hijo.

Simplificar la vida

La vida es bastante compleja como para ir sumando piedras en el camino a partir de nuestra actitud. Observando de un modo continuo malas intenciones en los otros solo nos ponemos a la defensiva. Dar las gracias con más frecuencia y reprochar menos, es una buena ecuación matemática de la felicidad. Una actitud frecuente en quienes tienen mucha introspección y juzgan poco a los demás porque tampoco quieren sentirse juzgados desde la superficialidad de aquello que puede que parezca pero no siempre es.