Imitar el acento de otra persona nos ayuda a entenderla
Cuando estamos conversamos con alguien con quien nos sentimos en sintonía, ya sea alguien a quien terminamos de conocer o una persona con la que hace tiempo que tenemos relación, inconscientemente, tendemos a imitar los gestos del otro. Este es un proceso que hace nuestro cerebro sin que nosotros intervengamos, para facilitar la empatía entre ambos, haciendo así que la comunicación sea más fluida y nos permite comprender mejor lo que el otro intenta transmitirnos.

De este modo, si la otra persona apoya sus manos relajadamente sobre la mesa o los muslos, inconscientemente nosotros imitaremos el gesto, cruzaremos o descruzaremos las piernas o nos tocaremos la cara cuando lo haga el otro. Aunque resulta bastante complicado observar este proceso en nosotros mismos, podemos hacerlo fácilmente si observamos a otras personas que se estén comunicando de forma fluida, sobre todo en un entorno donde ambas estén relajadas.

Según un estudio publicado recientemente en la revista Psychological Science, esta imitación no se limita al lenguaje corporal, sino que, sin darnos cuenta, también tendemos a imitar el modo de hablar del otro para entenderle mejor, especialmente cuando la persona procede de una zona geográfica con un acento muy marcado o cuando es hablante de otra lengua.

Según ha explicado Patti Adank, co-autora del estudio que se ha llevado a cabo en la Universidad de Manchester, cuando imitamos el acento de la otra persona, mejora en gran medida nuestra comprensión de su mensaje. Por supuesto, nunca vamos a llegar a imitar totalmente el modo de hablar del otro, ya que es algo que podría ser interpretado como una burla y cortaría la comunicación pero, de modo inconsciente, modulamos la voz para que nuestro tono se asemeje más al de la persona con la que estamos hablando.