Improvisar en la rutina
La improvisación es agradable en la vida, porque te permite adaptarte a las circunstancias. Pero además, a través de ciertas actitudes totalmente imprevisibles puedes vivir situaciones agradables, conocer gente interesante, profundizar en relaciones y ser feliz. Sin embargo, muchas personas viven pegadas a la rutina por la sensación de control y de seguridad que les produce.

Está claro que no se puede vivir al compás de la improvisación. La madurez implica ser constante, poder establecer compromisos y tener capacidad de sacrificio. Sin embargo, la vida se torna aburrida, monótona y vacía al compás de una rutina plena en la que el sujeto camina en una línea recta en la que nunca existen subidas, callejones sin salida, laberintos o valles escondidos en medio de esta aventura de la existencia humana.

Improvisar implica aprender a tomar decisiones de una forma rápida. Existen deseos que puedes hacer realidad al compás de tu intuición. Por ejemplo, si quieres profundizar en tu relación con una persona tendrás que pedirle el teléfono y no dejar pasar ese momento, de lo contrario, si pierdes la oportunidad puede que ya no vuelvas a verle nunca más.

Incluso, es agradable improvisar planes en la rutina. Por ejemplo, acepta el plan imprevisto de un amigo que te llama para quedar a comer. Puede ser una buena ocasión para hacer un plan diferente. Está claro que no siempre es posible improvisar, por ejemplo, cuando existen personas que dependen de ti y de tus cuidados. Así sucede cuando una persona tiene que cuidar de su madre enferma que es mayor. La improvisación debe reservarse para el momento de la vida adecuado, pero no para una etapa en la que hay otras prioridades.

Improvisar aporta sensación de libertad y felicidad. Por ello, ser feliz en el día a día implica tener la capacidad de saber poner novedad al ahora a través de los pequeños detalles.