¿Invitas a los demás a tratarte mal?
Muchas veces nos quejamos de que los demás nos tratan mal, con mucha agresividad o nos faltan al respeto, ya sea en nuestra propia familia, en el trabajo o en cualquier otro ámbito. Y lo que más nos sorprende es que esas mismas personas tratan a los demás de forma distinta, con más respeto y educación. Por mucho que le damos vueltas a la situación, no podemos explicar la razón de esto y es, sencillamente, que muchas veces nosotros estamos, sin darnos cuenta, dando a entender a los demás que a nosotros se nos puede tratar mal.

Todos hacemos frente todos los días a personas agresivas, que intentan imponerse o abusar de nosotros, y dependiendo de cómo respondamos, ellos continuarán en su actitud o la cambiarán.

Si, por ejemplo, cuando el otro hace un comentario que nos hiere o actúa de forma que nos sienta mal y le quitamos importancia al hecho e incluso sonreímos pretendiendo que no ha pasado nada, la información que recibe el otro es que nos puede hacer daño con total libertad, sin sufrir ninguna consecuencia, ni siquiera un pequeño enfado, por nuestra parte.

Lo mismo ocurre si ante un ataque verbal simplemente queremos desaparecer o nos sonrojamos y no decimos nada, aunque realmente nos sintamos llenos de ira y dolidos por el comentario.

Fomentamos las conductas que toleramos, por ello es muy importante no recompensar las conductas que queremos que el otro cambie. Si cuando nuestra pareja, amigo o compañero de trabajo hace un comentario o tiene una conducta que nos sienta mal o nos hace sufrir, debemos hacerle saber asertivamente nuestro malestar, para lograr que, poco a poco vaya cambiando su conducta, o al menos se abstenga de repetirla. Este es el único modo de que las personas agresivas se abstengan de descargar su agresividad con nosotros.