Ir al psicólogo es un hecho normal
Es curioso cómo a pesar de la información que existe sobre temas tan habituales como la depresión, todavía existen muchas personas que tienen un gran pudor a la hora de ir al psicólogo. Existen personas que no ven como algo natural contar sus problemas y confidencias a una persona a la que no conocen de nada. ¿Por qué hay momentos en los que merece la pena apostar por la ayuda de un psicólogo en vez de por el apoyo de un amigo?

Sencillamente, porque aunque la amistad es un verdadero regalo que siempre debes cuidar y cultivar, la realidad es que existen situaciones y momentos de debilidad a nivel emocional en los que sólo puede ayudarte un especialista experto en la materia.

Ir al psicólogo cuando no te sientes bien a nivel anímico es algo tan normal como ir al médico cuando te duele la cabeza. Es decir, en el hombre existen dos realidades complementarias: la corporal y la mental. Curar la tristeza del alma a veces es mucho más difícil que aliviar el dolor de un brazo. El alma tiene sus misterios, así que me gustaría animar a todas aquellas personas que están pasando un periodo muy largo de dificultad, que se animen a pedir ayuda y que se liberen contando qué es aquello que les sucede.

El trabajo de los psicólogos es excelente a nivel social y además, un psicólogo nunca cuenta nada de aquello que le dice un paciente porque es privado, íntimo y personal y entra dentro de la profesionalidad de cada uno. Tener debilidades es humano igual que es humano poner la solución adecuada para un conflicto emocional que te impide vivir de verdad y ser feliz. Cada vez se ve como algo más normal ir al psicólogo pero la realidad es que todavía queda mucho camino por recorrer en este sentido.