La amargura del desamor
Sin duda, el término amargura muestra en sí mismo el sabor amargo que deja en el alma el desamor en sus diferentes manifestaciones y formas. El hecho de saber que la persona a la que quieres no te corresponde del mismo modo, te hace sentir débil, indefenso y vulnerable. Es algo lógico y normal, entre otras cosas, porque el amor correspondido forma parte del ideal de felicidad que todo el mundo tiene en su mente.

Por tanto, el rechazo causa rabia, dolor, pena y tristeza. Sin embargo, más allá de que a nadie le sea agradable aceptar las calabazas, la realidad es que no todo el mundo se toma de un modo trágico al extremo esta situación. Este matiz es importante para entender que la actitud es más esencial de lo que parece a simple vista a la hora de vivir mejor y de ser feliz en contacto con la verdad de uno mismo.

Un desamor puede ser tu oportunidad para darte cuenta de tu verdadero valor, de tu grado de autonomía e independencia. Lo cierto es que te sentirás genial en la medida en que vayas superando barreras emocionales y te des cuenta de que en realidad no necesitas a nadie para ser feliz. Es decir, una pareja es un complemento pero en esencia, nadie tiene la necesidad real de vivir en compañía de otra persona puesto que el ser humano es individual y autosuficiente. Esta es una de las razones por las que muchas personas que enviudan nunca vuelven a intentar tener una nueva pareja.

El desamor te deja un sabor amargo que debes compensar con el sabor dulce del placer, de hacer lo que te gusta, cultivar tus aficiones, estar con aquellos que te quieren y que te apoyan, tener esperanza, pensar en positivo… Es decir, no puedes sumar más amargura a tu dolor sino que tienes que poner de tu parte para poder recuperarte lo antes posible. Por supuesto, el trabajo también puede ser tu gran apoyo en una situación de rechazo amoroso porque es bueno tener la mente ocupada.