La ambición puede ser positiva
Usualmente consideramos la ambición como algo negativo, ya que tenemos a la persona ambiciosa como alguien que no se va a detener ante nada por conseguir lo que quiere, aunque lo que tenga que hacer para lograr sus objetivos de alcanzar el poder o ganar dinero sea algo ilegal o delictivo, sin poner nunca límites a su propia conducta. Este tipo de ambición es patológica y acaba por dañar a quien sigue esta conducta.

Sin embargo, la ambición también puede ser positiva si por ella entendemos el deseo de superarnos a nosotros mismos, alcanzar nuestros objetivos personales o profesionales, mejorar día a día y perseverar en la consecución de nuestras metas aunque no sea fácil. En este caso la ambición es sana.

Un poco de ambición en nuestra vida es necesaria, ya que la falta de ambición nos lleva a conformarnos con lo que tenemos, resignándonos a no perseguir nuestros sueños, renunciando a nuestra propia felicidad y a crecer como personas y rindiéndonos al primer contratiempo, aunque eso signifique tener que vivir a medias en lugar de disfrutar de esa vida plena a la que tenemos derecho.

Si nuestra ambición es positiva, en lugar de ser dañina para nosotras, será el motor que nos impulse a superar los desafíos a los que tenemos que hacer frente a lo largo de nuestra vida, y que nos va a ayudar a estimular nuestra creatividad y a aumentar nuestro talento y nuestra inteligencia.

Para cultivar la ambición positiva es necesario realizar una lista de todos los proyectos que queremos llevar a cabo, determinando los pros y los contras de cada uno de ellos, determinando a dónde queremos llegar, y examinando el precio que tenemos que pagar por lograr esas metas. Si una meta implica dañar a los demás o a nosotros mismos, entonces deberemos renunciar a ella, porque será cuando la ambición se convierta en negativa.