La ansiedad patológica
Todos, en un momento u otro podemos sufrir ansiedad. Una situación nueva, una situación de peligro o un suceso desconocido nos produce ansiedad, hecho que es positivo, ya que este estado nos hace tomar precauciones y estar más alerta de lo que ocurre a nuestro alrededor, aumentando así nuestra capacidad de superar dicha situación o momento.

El problema surge cuando la ansiedad continúa cuando no existe ningún estímulo y nos sentimos ansiosos durante todo el tiempo, lo que nos lleva a responder de forma exagerada ante pequeños estímulos que muchas veces son cotidianos. Cuando esto ocurre, estamos preocupados y no sabemos por qué, tenemos miedo de que ocurra algo pero no podemos concretarlo, sentimos una gran inseguridad y una necesidad de controlarlo todo para que, de ese modo, la ansiedad no se dispare.

Para distinguir si sufrimos de un grado de ansiedad normal o patológica, lo que tendremos que ver es en qué medida este sentimiento interfiere con nuestra vida cotidiana. Si estamos continuamente preocupados por nuestra salud, la de nuestra familia, si tenemos miedo constante a que les ocurra algo, a perder nuestro hogar, nuestro trabajo o nuestro dinero y anticipamos continuamente el desastre, viviremos con un grado muy elevado de ansiedad que nos impedirá por desarrollar nuestra vida con normalidad.

El estado de ansiedad patológico hace que además nos sintamos inseguros, que tengamos dificultades para concentrarnos, para tomar decisiones y que tengamos pensamientos negativos hacia nosotros o hacia los demás.

A nivel fisiológico experimentaremos además un alto grado de tensión muscular que nos llevará a sufrir contracturas, trastornos cardíacos, de la respiración, gastrointestinales, rigidez muscular, sudor excesivo, impotencia y alteraciones del sueño.
Para tratar la ansiedad es muy beneficiosa la práctica del yoga, técnicas de relajación y meditación y con terapias que les ayuden a cambiar su modelo de pensamiento para detener el círculo ansiógeno.