La autoaceptación, la base de la felicidad
Estamos acostumbrados a pensar en la alteridad, hasta el punto de que a veces, muchas personas se comportan como si siempre necesitasen de otra para hacer determinado plan, por ejemplo, ir al cine. Sin embargo, también es verdad que las personas tenemos un claro dominio de la primera persona, o lo que es lo mismo, del “yo”. Damos valor a nuestro criterio y a nuestras opiniones hasta el punto de que podemos llegar a enfrentarnos por ellas.

Sin embargo, esta actitud no tiene nada que ver con la autoaceptación. De hecho, la soberbia que es una valoración desmedida de uno mismo, muestra inseguridad y falta de autoestima. Lo cierto es que las relaciones personales siempre deben estar basadas en la igualdad y en la convicción de que nadie es más que nadie.

La autoaceptación es el reto más difícil a nivel emocional. Porque implica asumir los errores, los fracasos, las pérdidas que se van acumulando a lo largo de la vida, el dolor, el sufrimiento… Pero también, claro está: los éxitos, la alegría, el amor, la victoria, la amistad… El problema surge cuando en la balanza damos más peso a lo malo que a lo bueno, o simplemente, cuando no nos permitimos ser felices.

Incluso, cuando alguien no acepta que haga lo que haga siempre va a ser imperfecto, es decir, aunque ahora mismo te esfuerces por corregir tus defectos, seguro que logras superar algunas barreras vitales, pero entonces, aparecerán otras nuevas. Así es la vida, como una noria en la que damos vueltas sin parar sobre los mismos puntos. La autoaceptación implica aprender a mirarte al espejo con serenidad e ilusión porque te sientes tranquilo contigo mismo. ¿Has logrado este objetivo? Nunca olvides que tú eres tu mejor amigo por ello, debes aprender a tratarte a ti mismo igual que tratas a aquellos que quieres de verdad.