La carencia es positiva
En la sociedad de la abundancia en la que cualquier persona consigue todo lo que quiere de forma rápida y sencilla, hablar de carencia puede ser sinónimo de frustración. Sin embargo, la realidad es que en medio de dicha sociedad del bienestar, lo que sucede es que las cosas no se valoran tal y como se debe. Por ello, puede que después de haber deseado algo durante mucho tiempo, una vez que lo has conseguido ya no sabes darle el valor que de verdad tiene ese punto para ti.

Tomás de Aquino explica que en el corazón humano a un deseo le sucede otro nuevo nuevo. Y es que, en la medida en que una carencia ya ha sido satisfecha entonces, surge una nueva necesidad. Por tanto, la carencia, esa sensación de vacío y de que te falta algo, no tiene que ser negativa si le das la lectura adecuada. Es decir, gracias a esa sensación de ausencia te esfuerzas por seguir mejorando y evolucionando como ser humano.

El objetivo es el crecimiento interior de tal forma que a los treinta años debes ser mucho más sabio que a los veinte. La vida es una progresión ascendente hacia la cima, una suma de perfección que en parte, procede de ti. La carencia también es la base de la relación de pareja por ejemplo. El amor, la búsqueda de plenitud junto a otra persona, procede en parte de esa sensación interior de querer una compañía.

A lo largo de la vida el ser humano se hace muchas preguntas y poco a poco, encuentra algunas respuestas. Existen carencias que en realidad nunca se cubren de una forma definitiva. Por ejemplo, a veces, el ser humano tiene la gran necesidad vital de descifrar el enigma de la vida y de la muerte. Sin embargo, se debe aprender a convivir con él.