La depresión en el niño
Cuando pensamos en una persona deprimida, normalmente se nos viene a la mente la imagen de un adulto o de un anciano, pero es difícil imaginarnos a un niño sufriendo este trastorno. Sin embargo, los niños, como los adultos pueden sufrir depresión, aunque tendrá unas características particulares que, en ciertos rasgos, la diferencian de la depresión de los adultos.

Cuando un niño sufre depresión, se produce un cambio brusco en su comportamiento con respecto a cómo se ha venido comportando hasta ahora. Lo más significativo es el cambio en su estado de ánimo, que muchas veces le lleva a está continuamente triste y llorar con más facilidad. Sin embargo, la depresión en el niño no siempre presenta síntomas manifiestos, por lo que, en caso de cambios en el comportamiento, será labor del terapeuta hacer un diagnóstico acertado.

Además del cambio en el ánimo, se dan otros síntomas en el niño deprimido:

– Ya no le interesan la escuela ni sus juegos preferidos.

– Se aleja de sus amigos y su familia, se aísla y se aburre y se cansa con mucha facilidad.

– Elige “finales tristes” para sus cuentos y representaciones

– Sufre una regresión a un estado más infantil, por lo que puede hablar de nuevo como un bebé u orinarse en la cama.

– Presenta alteraciones del sueño y de sus hábitos alimenticios.

– Suele referirse a sí mismo de forma negativa y en su pensamiento está muy presente el tema de la muerte.

El tratamiento es comparable al de la depresión en los adultos. Por una parte, la medicación antidepresiva, que ayudará al niño a mejorar su estado de ánimo, lo cual permitirá al terapeuta trabajar la depresión del niño mediante la psicoterapia. Los padres juegan un gran papel a la hora de ayudar al niño a superar la depresión, por lo que el terapeuta les asesorará de las pautas a seguir, como tranquilizar al niño, mantener las rutinas, estar atento a cambios en su comportamiento, etc.