La diferencia entre el odio y la envidia
El odio es un sentimiento muy dañino, para quien lo sufre en primera persona pero también, para quien lo padece. El término odio, en ocasiones, se utiliza de una forma muy coloquial, lo cual, no es nada positivo. Por ejemplo, se afirma a nivel popular que del amor al odio va un paso.

En realidad, va un paso del amor al rechazo, pero el odio, implica desear el mal ajeno, disfrutar con las desagracias del otro. Este sentimiento es veneno puro para aquel que odia porque se corrompe interiormente, se destruye a sí mismo a través de esa tensión tan letal que es vivir a merced del otro y no a merced de uno mismo. Pero además, es imposible ser feliz odiando a alguien porque esa situación, te impide centrarte en tu presente.

Envidia y odio son dos sentimientos que tampoco tienen nada que ver. Es verdad que el envidioso se entristece a partir del bien ajeno, sin embargo, no desea su mal de una forma directa, sino que se entristece por sus propias carencias al compararse con los demás. En la escala del mal, el odio es el sentimiento más fuerte y también, más grave puesto que los sentimientos, en algunos casos, también están cargados de una connotación moral.

La felicidad de un ser humano está directamente vinculada con el bien, por ello, es indispensable tener el alma limpia y abierta a la hora de tener buenas acciones con los demás, pensamientos positivos y relaciones sociales basadas en el respeto. El odio también puede darse en diferentes grados y tener distintas manifestaciones.

Este sentimiento muestra graves carencias afectivas y un gran sufrimiento. Es importante cultivar la inteligencia emocional. En esencia, el odio es una emoción marcada por el profundo rechazo, antipatía y aversión hacia otra persona.