La dramatización: el arte de exagerar las cosas
La dramatización podría ser un arte pero la realidad es que no lo es, en todo caso, se trata de un arte destructivo y nocivo para uno mismo en tanto que te aleja de la realidad al observar las cosas desde el prisma de la negatividad y de la exageración. Una persona dramática teme un despido laboral ante un error cometido en el trabajo, piensa que va a sufrir el abandono de su pareja ante la primera discusión, en definitiva, imagina catástrofes que no suceden en realidad. Precisamente porque la realidad es más natural y positiva de lo que a veces, pensamos a simple vista.

El carácter se forma y se moldea a base de hábitos. Desde un punto de vista filosófico, el hábito es una acción que se ha convertido en costumbre. Por tanto, y por mucho que nos cueste, es posible cambiar una acción, si modificamos nuestro modo de pensar a lo largo del tiempo.

Existen varias razones por las que merece la pena dejar de lado la dramatización para dejar la puerta abierta al pensamiento positivo y a la sensación de estar en paz con uno mismo. La principal razón es la de ser más feliz contigo mismo y la de ganar calidad en tus relaciones personales. Llevarlo todo al extremo en el amor y en la amistad es una tragedia, vivir las emociones al límite también lo es.

Especialmente, porque el entorno también termina agotado cuando convive con una persona dramática de forma constante. Otro tema diferente es que en algún momento puntual todos hemos podido cometer el error de exagerar las cosas como si fuésemos niños pequeños que necesitan la protección de papá o de mamá. Los dramas, mejor en el cine, no en la vida.