La enfermedad de la prisa
Todos recordamos al conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas corriendo continuamente llegando siempre tarde a su cita con la reina haciendo mil cosas sin lograr nunca terminar ninguna. Y algo parecido es lo que sentimos quienes vivimos en occidente en la actualidad, la mayoría de nosotros con un montón de obligaciones que cumplir, laborales, familiares, vitales y sin más tiempo que veinticuatro horas para realizarlas todas. Esta sobrecarga nos lleva a sentir que, por mucho que lo intentemos, nunca tenemos tiempo para todo, lo cual ha llevado al nacimiento de un nuevo trastorno, conocido como la enfermedad de la prisa.

Este síndrome lleva aparejado un gran nivel de estrés y ansiedad, porque la persona se siente cada vez más desbordada por todo aquello que tiene que hacer a diario, lo cual se traduce en síntomas físicos, como trastornos del sueño y digestivos, pero que tiene como resultado más importante que terminamos desconectando totalmente de nuestras emociones, de cómo nos sentimos tanto física como anímicamente hasta llegar a un agotamiento profundo.

En ocasiones este síndrome está causado por una falta de organización, que hace que vayamos ocupándonos de las diversas actividades a medida que estas surgen, llegando así a sentir una total falta de control sobre nuestro tiempo. Otras veces es causado por no ser capaces de decir que no, y aceptar más obligaciones de las que podemos hacer frente.

Pero en la mayoría de las ocasiones se debe al ritmo vertiginoso de la sociedad moderna, en la que todo cambia constantemente y en la que parece imposible relajarse.

Para evitar llegar a este punto debemos detenernos y reconectarnos con nuestras emociones, saber cómo nos sentimos, física y mentalmente y reorganizar nuestros objetivos y prioridades, tomándonos tiempo para nosotros mismos