La explosión emocional
Cada día tenemos que resolver multitud de problemas o situaciones adversas, relacionarnos con personas que nos pueden resultar más o menos irritantes, y todo ello va suponiendo un aumento del estrés y la ansiedad a lo largo del día. Normalmente podemos controlar eso sentimientos y conseguimos relajarnos o incluso olvidarnos de ellos, pero otras veces, sin saber por qué, ante el estímulo más nimio estallamos con una furia casi incontrolable. Son las denominadas explosiones emocionales.

Aunque muchas veces son inevitables e incluso nos ayudan después a sentirnos más equilibrados, no podemos permitirnos estallar incontrolablemente cada vez que sintamos estrés, porque, continuadas, podrían afectar a nuestra estabilidad emocional.

Por ello, después de una explosión emocional, deberemos determinar qué emociones negativas nos han llevado a ella, y después intentar expresar dichas emociones por otros medios no explosivos para poder integrarlas y de ese modo hacerlas desaparecer.

Pero hay veces que, por diferentes motivos, no podemos prevenir ni evitar la aparición de las emociones negativas, aunque sí podemos conseguir minimizar los diferentes efectos perjudiciales que éstos pueden tener en nuestra estabilidad emocional.

Para que esto sea así se hace preciso sentir qué emociones negativas tenemos, observarlas y expresarlas exacta y precisamente igual que las positivas, mediante diferentes estrategias que nos ayuden a librarnos de ellas.

También deberemos verificar si ese sentimiento negativo es algo que llevamos sintiendo mucho tiempo, debido a una frustración o deseo que no hemos sabido expresar. Puede ser una ligera molestia (un compañero de trabajo que nos está pidiendo constantemente que le invitemos), pero que, al no expresar cómo nos sentimos, se va acumulando en nuestro interior, acompañándose de rabia y frustración lo que a la larga permite el estallido. Por ello una de las medidas para evitarlo es aprender a expresar nuestras emociones, deseos y sentimientos de forma equilibrada.