La felicidad de no estar enamorado
Existen muchos momentos de la vida en los que no estar enamorado es una causa de bienestar para la persona. De hecho, conforme la persona va madurando en la vida, también se va acomodando a su situación de independencia. Tanto que puede que en ese caso, el enamoramiento suponga abrir la puerta de ciertos miedos que están ahí, aunque sea en un plano inconsciente. Existen momentos de la vida en los que no estar enamorado es un auténtico regalo a nivel emocional. Así sucede cuando después de una decepción, te esfuerzas en olvidar, y un buen día, por fin descubres que ya no te importa nada de lo que tenga que ver con la otra persona.

Te has descubierto a ti mismo y disfrutas de tu propia compañía. De hecho, existen personas que tienen un gran mundo interior, que son muy inquietas y disfrutan a pesar de no tener a alguien al lado, tal vez, porque para ellas el amor es mucho más que compañía.

La felicidad de no estar enamorado puede ser tan plena como la dicha que surge de estarlo en otros momentos. De hecho, en la vida, aprendemos a valorar cada momento en base a su contrario. Estar toda la vida con los nervios en el estómago que se tienen en el enamoramiento sería muy inestable y agotador. Pero a su vez, pasar toda la vida también en medio de la felicidad de no estar enamorado sería como tener el corazón apagado y en silencio. Existen muchos grados en el sentimiento, y la ilusión sí es un sentimiento que han vivido la mayoría de las personas.

En cambio, el amor correspondido no ha sido experimentado en primera persona por todo el mundo. La felicidad de no estar enamorado muestra el bienestar de no tener que hacer frente durante una temporada a las complicaciones que surgen del amor.