La gratificación inmediata te impide conseguir tus metas
Una de las cosas que más nos cuesta es evitar la gratificación inmediata, es decir, no ceder al impulso actual en beneficio de una meta más lejana en el tiempo pero que nos supondrá mayor beneficio, como cuando cedemos al impulso de darnos un atracón en medio de una dieta o cuando decidimos aceptar la invitación y salir con los amigos en lugar de estudiar para el examen que tenemos al día siguiente.

A no ceder a la satisfacción inmediata aprendemos cuando somos pequeños, pedimos algo a nuestros padres y nos dicen que no. La reacción normal entonces es la rabieta, porque cuando niños, no entendemos que se comporten de ese modo y el gran impacto en nuestras vidas que va a tener este aprendizaje, tanto desde el punto de vista financiero como profesional, emocional y personal.

Aprender a retrasar las recompensas, es decir, a controlar los impulsos inmediatos es importante porque nos va a ayudar a conseguir las metas que nos propongamos a lo largo de nuestra vida.

Sin embargo combatir la gratificación inmediata no es fácil, y menos aún en nuestra sociedad actual, que está creada para satisfacer cualquier deseo de forma inmediata. La recompensa inmediata también nos ayuda a no sufrir ni tener que enfrentarnos a sentimientos desagradables o que no sabemos manejar, lo cual nos lleva, a la larga, a conductas compulsivas como comprar, comer, beber alcohol, tener una relación tras otra sin implicarnos emocionalmente en ninguna de ellas, etc.

Estudiar unas oposiciones, mantener una relación de pareja, seguir una dieta o tener una economía saneada depende en gran medida de que seamos capaces de controlar los impulsos inmediatos en pos de una meta que, aunque más lejana, va a suponer más beneficios para nosotros.