La hipocresía, señal de superficialidad
Una de las claves de la felicidad se basa en ser uno mismo en el día a día. Ser uno mismo no sólo cuando estás en compañía de tus amigos, familiares y conocidos, es decir, cuando estás inmerso en la vida social. Sino también, cuando estás contigo mismo en la más absoluta soledad. La tranquilidad de la conciencia y la paz interior son buenas señales de equilibrio interno entre pensamiento, sentimiento y acción. Es decir, entre la persona que dices ser y el modo en que te muestras.

Existe una cualidad que es lejana a la autenticidad: la hipocresía. La hipocresía es un defecto del carácter que puede estar causado o bien por vanidad, por envidia, soberbia, o incluso, por inseguridad y falta de confianza en uno mismo. La hipocresía además, también es contraria a la sinceridad que es sinónimo de verdad en relación con el modo de ser.

La hipocresía es como una melodía desafinada, algo que parece perfecto pero que no lo es. En mayor o menor grado, cualquier persona en algún momento ha sentido preocupación por saber qué imagen tendrán de ella otras personas. Este pensamiento, cuando se muestra de una forma moderada y no obsesiva, es positivo puesto que te ayuda a superarte y a tomar conciencia de tus límites.

Sin embargo, aquellas personas que se dejan llevar por la hipocresía son infelices porque no establecen lazos de amistad auténtica, no se dejan conocer al cien por cien, ni tampoco profundizan de la forma adecuada en el interior de la otra persona. Sencillamente, por eso, porque la apariencia es como un espejo en el que te reflejas de lejos. En el fondo, las personas hipócritas son aquellas que se protegen de sí mismas para vivir. ¿Qué opinas sobre esta cuestión?