La huida como sistema de evitación
Más allá de su inteligencia, el ser humano, muchas veces, puede tardar años en aprender a afrontar un problema. Mientras tanto, para mucha gente, el mejor remedio a la hora de no pasar un mal rato es la evitación de dicha situación. De esta forma, el problema se pospone y se agrava hasta el infinito. Llegado el momento, se ha convertido en una bola gigante que resulta totalmente inmanejable para el sujeto que se siente víctima de las circunstancias. La huida puede parecer que resulta fácil y cómoda, sin embargo, la mente no olvida.

Por ello, cuando intentas tapar una emoción y ocultarla, también puedes notar los efectos en forma de ansiedad, tristeza, estrés o incluso, problemas de descanso. No hay mayor enemigo del sueño que una preocupación. Por otra parte, cuando no afrontas un asunto pendiente, no te sientes bien contigo mismo, tu autoestima se resiente y te sientes vulnerable. Por ello, es mejor que te armes de valor para plantar cara cuanto antes a ese fantasma que te atormenta y que está en tu mente, pero no en la realidad. En la realidad, todo tiene una solución mejor que la evitación que puede reportarte una aparente tranquilidad momentánea pero nunca a largo plazo.

Si hay un problema que tendrás que afrontar en algún momento, entonces, cuanto antes lo hagas mejor. En la vida, es muy importante pasar página y poder seguir caminando hacia adelante sin tener los pies anclados en el pasado. Porque la vida no es ayer sino hoy. Mientras pospones algo que te hace sufrir, estás perdiendo un tiempo valioso en sentirte libre y vivir mejor. ¿Por qué se apuesta por la evitación? Por el miedo que puede llegar a paralizar a aquel que lo sufre. Sin embargo, a largo plazo, nunca compensa la huida como un sistema de evitación.