La ilusión
La ilusión es positiva, en cierto modo, funciona como una vitamina para el espíritu que te mueve y que te motiva de verdad no sólo en el plano personal sino también, en el terreno profesional. Por ejemplo, sientes una gran satisfacción cuando alguien te propone un proyecto laboral porque cree en ti. La ilusión crece todavía más en caso de que ese proyecto sea tu vocación y esa persona sea para ti alguien de confianza que te hace sentir bien.

Por otra parte, la ilusión también surge de uno mismo y del modo de ser. Hay personas optimistas por naturaleza, que todo lo ven bien y que siempre tienen un motivo para sonreír. Otras en cambio, tienen que esforzarse un poco más por alcanzar esta meta. La ilusión es magia en estado puro dentro de la vida. Y en la medida que vamos dejando que muera por las decepciones, por las heridas del pasado o por la falta de esperanza ante el futuro, entonces, también nos estamos negando a nosotros mismos la posibilidad de la felicidad.

La amistad es otra fuente de ilusión y de satisfacción en tu vida. Pero también es verdad que hay personas más abiertas a conocer gente nueva que otras. Hay personas que no quieren ampliar su círculo social, se trata de una decisión personal totalmente respetable. Sin embargo, la realidad es que la novedad que llega representada en la forma de un nuevo amigo puede traerte decenas de cosas buenas a tu vida. Sencillamente, porque la novedad siempre resulta atractiva.

La ilusión se rompe de forma inmediata ante un estímulo externo que mueve tu corazón y tu alma hacia alguna parte. Sin embargo, no siempre podemos quedar a la espera de que la felicidad proceda de fuera (en ese caso, estaríamos dejando nuestro bienestar en manos de terceros). Es decir, debe de ser uno mismo el que tenga la capacidad de motivarse y de ilusionarse de verdad con el corazón dentro de la vida.