La inactividad aumenta la pereza
El verano es un fiel reflejo de cómo funciona el organismo humano. Sin duda, en vacaciones, cualquier persona tiene mucho más tiempo para llevar a cabo planes, proyectos e ilusiones. Sin embargo, con la inactividad también aumenta la pereza. Y la pereza aumenta especialmente, cuando te dejas llevar por ella un día tras otro. En ese momento, se ha convertido en tu mejor amiga y dejarás de hacer cosas, simplemente, porque te dejarás llevar por la ley del “no me apetece”. Y es que, la pereza es cualquier cosa menos una compañera estimulante que te motiva para superarte a ti mismo.

Con la llegada del mes de septiembre es buen momento para iniciar proyectos y tener la ilusión de llevarlos a cabo. Es decir, no dejes que los deseos de tu corazón se queden únicamente en una promesa que no se concreta. Es mejor que pongas fecha a aquello que de verdad te importa. Por otra parte, la pereza implica tener capacidad de compromiso y autocontrol, sencillamente, porque no siempre tienes que estar a la espera de que sea una causa externa la que te obligue a ponerte en marcha.

Por ejemplo, si quieres estudiar en la UNED está claro que deberás tener la responsabilidad de ponerte delante de los libros cada día por iniciativa propia ya que este método de enseñanza es muy diferente al que tienes en la formación presencial. Del mismo modo, a lo mejor un día te conviertes en tu propio jefe y en ese momento, tendrás que ser tú quien sea el mejor ejemplo para los empleados.

Los días se disfrutan mucho más desde la actividad porque en cierto modo, el tiempo también se estira cuando lo utilizas y lo aprovechas. En cambio, en la pereza, sólo sientes la apatía de no hacer nada de nada.