La incertidumbre del mañana
Muchas veces deseamos saber qué nos pasará mañana. De hecho, el negocio de la videncia está basado en esta debilidad humana, en la curiosidad excesiva de adelantarnos a qué sucederá dentro de dos años. Sin embargo, la clave de la vida es aprender a convivir con la incertidumbre. Afrontar esta sensación en positivo y no en negativo. Es decir, siente ilusión por pensar en las grandes experiencias que te quedan por vivir, las personas interesantes que seguro que se cruzan en tu camino en algún momento, los nuevos amigos que llegarán a tu vida, los retos profesionales que afrontarás con éxito…

Deja de lado la prisa para centrarte, simplemente, en el aquí y en el ahora. Además, no hay otra forma de hacer frente a la incertidumbre que dejar de pensar en el después porque en la medida en que te obsesionas con el mañana pierdes la capacidad de disfrutar al máximo el hoy, este instante que ya nunca más volverá a repetirse.

Porque la vida no está hecha bajo la ley del eterno retorno propia de Nietzsche. Al revés, la vida es una línea metafórica en donde el ayer no es más que un recuerdo y el mañana, una hipótesis. Así que deja de recordar o de teorizar constantemente, para vivir, sencillamente, con aquellos que ahora están cerca de ti. Igual hay algo de tu mañana que te inquieta, una situación que tienes ganas de que llegue.

Es normal, sin embargo, la única forma de disfrutar de verdad de esa situación cuando llegue es disfrutar también el ahora. De lo contrario, si luego las cosas no salen como tú esperabas te vas a sentir culpable por todo el tiempo que perdiste en el camino. Aprende a vivir y serás un sabio. ¿Qué opinas sobre esta cuestión?