La inteligencia pone luz al corazón
Conocimiento y corazón no son dos entidades independientes sino relacionadas pese a que algunas personas caigan en el error de la exaltación del sentimiento tan propio del espíritu romántico. El corazón sin razón es ciego. En cambio, el conocimiento y la reflexión sobre los sentimientos aporta claridad de ideas.

Sabes qué te conviene

El conocimiento te ayuda a poner cada cosa en su sitio. Así sucede cuando sientes algo especial por una persona pero te das cuenta de que ese alguien no te conviene por determinadas razones. Por ejemplo, porque te hace sufrir. El conocimiento te ayuda a tomar conciencia de cuál es tu realidad presente para actuar en función de las cartas del juego del modo más coherente posible.

Prudencia

Si siempre nos dejásemos llevar por el corazón, sin hacer ningún tipo de caso a la razón, entonces, viviríamos al compás de los impulsos del momento. Vivir de una forma adulta, madura y responsable implica tomar conciencia de las cosas. Y mirar dentro de uno mismo lleva tiempo para conocer las respuestas. Al igual que la inteligencia te ayuda a valorar las decisiones sentimentales analizando cuáles son las consecuencias.

Poner luz al corazón también implica ser responsable de las acciones propias, por ejemplo, al no generar falsas expectativas a otra persona.

La inteligencia pone luz al corazón

Aprender de la experiencia

La inteligencia también tiene un papel muy importante a la hora de analizar de una forma crítica la experiencia personal para poder extraer errores, aciertos y enseñanzas de vida a partir de todo lo vivido. Lo más importante, a nivel afectivo, es que inteligencia y corazón vayan unidos. De lo contrario, también se puede caer en el punto opuesto de que el pensamiento anule el propio sentir.