La ley del desapego
En más de una ocasión, el ser humano se frustra porque no ha conseguido aquellos deseos que de verdad quería cumplir. De hecho, en el límite del deseo se encuentra la obsesión. Un estado emocional que te resta libertad y que te impide ser feliz. Algunas personas se obsesionan con el amor o con un proyecto laboral hasta el punto de que pierden de vista la amplia variedad de matices y de formas que ofrece la realidad.

Por ello, más allá de tener deseos es excelente tener fuerza, es decir, tener cierto nivel de desapego respecto de aquellas metas y objetivos que te gustaría alcanzar de verdad. ¿Significa esto que desear es malo? No, nada más lejos de la realidad. De hecho, Tomás de Aquino ya especificó que el deeo es cambiante porque además, en la medida en que ya te has marcado una meta te gustaría alcanzar otra diferente.

Vivir distanciado del plano de los deseos no es nada sencillo, pero sí lo es cuando aprendes a centrarte en ti mismo. Es decir, en vez de obsesionarte con los resultados lo que debes hacer es pensar en tu capacidad de dar lo mejor de ti mismo, de crecer y de evolucionar. Vale la pena que dediques un tiempo a pensar de verdad en aquello que te gustaría cumplir y realizar para poder seguir con tu vida en positivo.

Dejando de lado todas esas ideas que no te hacen sentir bien contigo mismo. Por otra parte, es esencial aprender a vivir con la esperanza de que los límites de la realidad se pueden superar. Y que dentro de ti, tienes todos los recursos necesarios para ser feliz. Por tanto, no te obsesiones con nada y apuesta por el desapego como motor del bienestar emocional interior y también de tu bienestar físico. Cuerpo y mente están más unidos de lo que parece a simple vista.