La libertad de decir que no
“No” es una palabra breve y parece sencilla, sin embargo, la realidad es que a veces, parece que se atraviesa en la garganta y te pone un nudo que te impide respirar con normalidad. Detrás del no existen muchas ideas a nivel inconsciente, recuerdos traumáticos o dolorosos. Por ejemplo, el rechazo de la persona que te gusta muestra de forma clara una negativa que deja una huella en el corazón aunque se supera con el paso de los años.

Es curioso también cómo algunos padres no saben decir que no a sus hijos. De esta forma, ceden a todos sus caprichos y los niños se convierten en adultos con poca tolerancia a la frustración. Decir no implica ser responsable de tus actos, de aquello que deseas y apostar por conseguirlo.

Si eres una persona que sufre al decir que no, entonces, puedes empezar haciendo el ejercicio de decir que no, tres veces por semana a algo que no te apetece hacer. No tienen por qué ser grandes cosas. Por ejemplo, si vas al cine y tus amigos te ofrecen ver una película que no te interesa, entonces, exterioriza tu pensamiento con total normalidad. Y ofrece una nueva propuesta.

Cuando dices que no a otra persona no le estás rechazando a ella sino al plan que te ha propuesto. Es importante que esto lo tengas claro porque así entenderás más fácilmente que no estás hiriendo los sentimientos de nadie. Del mismo modo, si en algún momento alguien te propone realizar un plan que no te apetece hacer en ese día en concreto puedes decirle que mejor en otro momento porque lo harás encantado.