La personalidad perversa
Entre los diferentes trastornos de la personalidad uno de los que produce más daño a aquellos que conviven con quien lo sufre es la personalidad perversa, ya que el rasgo más dominante en este trastorno es la conducta agresiva y destructiva para con los otros que lleva a cabo quien lo padece. El problema más grande que lleva aparejado este trastorno es que el paciente tiene una personalidad sádica y disfruta del dolor ajeno, aunque no es capaz de empatizar con él.

Esta personalidad se gesta en la infancia, cuando se han sufrido abusos y maltratos graves, que trastornan la personalidad del niño lo que le lleva, cuando es adulto, a intentar vengarse, infringiendo en los demás daños y humillaciones que él mismo ha sufrido.

Este trastorno se da con más frecuencia de lo que parece. Ese tipo de vecinos que se dedica a molestar a todo el vecindario y tiene pleitos con la mayoría de sus vecinos, el marido o mujer que se divorcia y no deja de interponer demandas contra el otro miembro de la pareja con el fin de hacerle la vida imposible, el jefe que persigue al empleado señalándole todo lo que hace mal, vejándolo y minando su autoestima… si mirarnos a nuestro alrededor seguramente encontraremos algún ejemplo de este tipo de personalidades, que además suelen ser temidas por lo demás, por el daño que provocan.

La personalidad perversa maneja con maestría la mentira y la confabulación, porque su único objetivo es satisfacer sus propios deseos a costa de los demás. No tiene ningún sentimiento de culpa, porque en su mente deforma la realidad, de manera que siempre son los demás quienes son culpables de sus conductas.
Para el tratamiento de este trastorno se combina la psicoterapia cognitivo conductual con el uso de medicamentos.