La pregunta más importante: ¿Por qué?
El ser humano no puede vivir al margen de su inteligencia o de su voluntad, al menos, no debería hacerlo. Sencillamente, porque sería como ir en contra de la propia naturaleza que te eleva por encima del resto de seres del universo. Vivir no es lo mismo que tener una vida consciente, es decir, tú puedes reflexionar sobre tu destino, tener conciencia de tu carácter temporal e incluso, sentir. Dentro de la vida intelectual de una persona existe una pregunta determinante: ¿Por qué?

Se trata de un interrogante que no es aplicable a un único caso en concreto sino a muchos, sencillamente, porque hasta que no se conoce la causa, el origen de un problema, es imposible buscar un remedio, encontrar una solución gratificante. En esencia, así trabajan los médicos. Hasta que no conocen la causa inicial de una enfermedad no pueden determinar un diagnóstico. Pues bien, en el ámbito emocional, tú mismo debes trabajar tu superación personal de la misma forma.

Existe otra pregunta que también es determinante: ¿Para qué? En este sentido, en vez de remitir al origen, se pone el foco de atención en la finalidad, en la dirección, en el criterio que justifica el sentido de una acción… La calidad de vida de un ser humano crece en la medida en que también tiene la capacidad de reflexionar sobre sí mismo con sabiduría. Una sabiduría que no tiene nada que ver con la formación recibida sino con la experiencia práctica que te lleva a ser hoy un poco mejor que ayer pero peor que mañana.

A la hora de profundizar sobre ti mismo, no pierdas nunca de vista estas dos sencillas preguntas: ¿Por qué? ¿Para qué? Cuestiones breves que tienen una gran carga emocional y que no siempre son fáciles de responder en un breve periodo de tiempo. Es decir, ten paciencia y no busques una respuesta rápida.