La psicomedicina
El ser humano es un todo integral formado por cuerpo y mente. Es decir, cada vez existe mayor conciencia de que en el proceso de una enfermedad no sólo hay que tener en cuenta los factores corporales sino también, los emocionales y anímicos. En este sentido, la psicomedicina intenta mostrar cómo influyen las emociones en el proceso de cualquier enfermo. Por ello, lo más adecuado es que el paciente se sienta escuchado, pueda plantear todos sus miedos y sus temores. Para escuchar, muchas veces, es necesario, únicamente, mantener el silencio y tener una actitud abierta para compartir.

La psicomedicina tiende todavía más a humanizar al paciente, es decir, a darle el valor que tiene en realidad como ser emocional que se ve afectado por los acontecimientos externos. Dentro de este contexto, las emociones positivas son una barrera protectora excelente para vivir mejor. ¿Qué emociones hacen que tu vida sea más feliz? Por ejemplo, la alegría, el optimismo, el sentido del humor, el amor, el afecto, la solidaridad, la ilusión… Por ello, es excelente aprender a cultivar todas estas emociones a través de los pequeños detalles del día a día. A lo largo de la jornada, existen muchas sensaciones agradables a las que ni siquiera damos importancia por el simple hecho, de darlas por supuestas. Por ejemplo, el placer de compartir una buena comida con la familia, la sensación de llegar a casa después de un día de duro trabajo, la brisa que roza las mejillas al caer una tarde de verano…

A través de estas emociones, no sólo se vive más, sino lo que es más importante, se vive mejor, se tiene más calidad, las relaciones personales son mejores y la satisfacción personal también. Por ello, la psicomedicina está realizando un gran trabajo a la hora de comprender la enfermedad como un todo integral.