La sombra, nuestro lado oscuro
Todos nosotros poseemos una sombra. En psicología se conoce así a la parte de la mente inconsciente donde almacenamos todo aquello que consideramos malo en nosotros y que queremos reprimir o hacer desaparecer en nosotros. Como no podemos hacerlo, lo retiramos a un lugar del inconsciente donde nos olvidamos de ello, pero muchas veces, es todo aquello que guardamos en nuestra sombra lo que, sin darnos cuenta, controla nuestras vidas.

El término “sombra” fue acuñado por el prestigioso psiquiatra Carl Jung, y, según él, está formada por los instintos más primarios que nos suprimidos por la mente consciente desde una edad muy temprana. En la sombra acumulamos aquello que negamos en nosotros mismos porque nos parece indigno (egoísmo, orientación sexual si está reprimida, ira, miedo, envidia), pero también aparecen cosas positivas que nos atrevemos a decir (el amor por alguien que tememos confesar, el te quiero que nos avergüenza decir…, etc.)

Aunque pueda sonar de ese modo, la sombra no es algo malo, aunque en principio pueda parecerlo. Muy al contrario, es una ayuda a la hora de explicarnos esos comportamientos tanto de nosotros mismos como de los demás y es una ayuda inestimable a la hora de aceptar las cosas que no nos gustan, tanto de los demás como de nosotros mismos. Tanto es así que muchas veces, cosas que no entendemos de nuestra pareja o de nuestros amigos son tan sólo un fiel reflejo de nuestra sombra.

A veces esta sombra es causa de trastornos como la depresión, la ansiedad e incluso las neurosis, debido a la fuerza de la represión. En estos casos, la única forma de sanar es integran la sombra en nosotros, aceptándola con comprensión (en el fondo nos estamos aceptando a nosotros mismos) y aprendido a manejarla y a negociar con esa parte que, aunque no nos gusta, ahí está.