La subjetividad y la relatividad del tiempo
Vivimos desde el plano de la subjetividad, es decir, del yo. A través de la percepción personal elaboramos nuestro propio criterio de la realidad en cada situación concreta y determinada. Por ello, a pesar de que las horas del reloj siempre avanzan a la misma velocidad, por el contrario, la sensación que tenemos del momento depende de nuestros sentimientos.

¿Nunca tuviste el deseo de detener el tiempo ante la perfección de un instante que para ti fue mágico? En ese caso, ese tipo de situación muestra tu entusiasmo y tu nivel de gozo y de felicidad interior. Por el contrario, en una situación de aburrimiento parece que el reloj no avanza y las horas se hacen eternas. El tiempo pasa lento en situaciones de sufrimiento, por ejemplo, desde la habitación de un hospital parece que el mundo entero se detiene, cuando esperas un diagnóstico médico, cuando afrontas la muerte de un ser querido o el desamor, o incluso, en un periodo de desempleo.

La subjetividad y la relatividad del tiempo es uno de esos misterios que a veces, causan sufrimiento. Especialmente, a aquellas personas que sufren mucho con el paso de los años y temen envejecer. El paso del tiempo es extraño porque no afecta igual a la mente que al cuerpo. Mientras que una persona de 80 años puede tener la piel arrugada, por el contrario, puede que su mente esté más lúcida que nunca para crear arte.

Existe una sensación universal y es la de lo rápido que pasa el tiempo. Esta sensación también aumenta de forma curiosa en la medida en que una persona va cumpliendo años. Es decir, los niños tienen un ritmo de la vida más pausado. El tiempo es mucho más que un segundo del reloj, por ello, hay instantes de tu vida que no olvidarás nunca y vivirán para siempre en tu memoria.