La tartamudez en el niño
El tartamudeo o disfemia es un trastorno del lenguaje que hace que la persona que lo padece, cuando intenta decir algo, se interrumpa repitiendo palabras y sílabas, o prolongando ciertos sonidos. En muchos casos, estas interrupciones se suelen acompañar de movimientos involuntarios como guiños, temblor de labios o muecas en la cara.

En el caso de los niños, el tartamudeo suele comenzar con la repetición de ciertas consonantes como t, g, k, que exigen un sonido fuerte al pronunciarlas. Después puede extenderse a las vocales y al niño o niña le cuesta mucho hablar. Esto se incrementa en situaciones en las que el niño se siente estresado.

El tartamudeo suele tener una base tanto física como emocional. En el aspecto emocional se debe a una falta de seguridad, que hace que la persona se ponga excesivamente nerviosa cuando quiere expresarse, y ello origina el tartamudeo. En el aspecto físico, se debe a una falta de coordinación entre todos los factores necesarios a la hora de hablar, como son la respiración, la fonación y la articulación de los sonidos.

El tartamudeo afecta sobre todo a niños y adolescentes, especialmente si son tímidos. Se da más entre niños que entre niñas, y normalmente se supera al llegar a la edad adulta. Siendo adultos, quizá se produzca un ligero tartamudeo en situaciones de altísimo nivel de estrés.

En el tratamiento del tartamudeo entran varios factores:

– Es necesario proveer al niño de un ambiente relajado. Muchas veces el tartamudeo está causado por unos padres muy exigentes con el niño, por lo que es importante un ambiente donde el niño pueda expresarse sin angustia.

– No criticar los problemas del lenguaje del niño, ya que ello empeorará el problema.

– Escuchar atentamente cuando el niño está hablando, sin gesto de impaciencia. Cuando los padres le hablen, deben hacerlo de modo relajado para que el niño lo imite.

– Acudir a un logopeda para que ayude al niño a progresar en la dicción.