La vida es compartir y amar
La vida puede vivirse desde el individualismo vigente en la sociedad actual. Sin embargo, no siempre las normas sociales te ayudan a conectar más y mejor contigo mismo. En esencia, la vida es compartir. De hecho, la alegría siempre crece en la medida en que puedes vivirla rodeada de otras personas. Por ello, en cualquier celebración hay invitados que tienen un valor especial para ti. La vida se comparte, simplemente, por la empatía que existe en la relación humana: por ejemplo, nadie puede comprender tan bien un desamor como aquel que lo ha vivido y ya ha pasado por lo mismo.

Por otra parte, la vida se comparte porque el ser humano también tiene la necesidad de reconocimiento y de estima. Algo que se basa en la necesidad de pertenecer a un entorno. El hecho de saber que tienes una familia y amigos te hace sentir más fuerte y mejor contigo mismo en relación con tu bienestar.

La vida es compartir y también, amar. De hecho, existen muchos tipos de cariño diferentes, sin embargo, la indiferencia es la mayor enemiga emocional de la felicidad. Indiferencia, soledad y aislamiento se convierten en la tortura anímica de muchas personas que han perdido el sentido en su vida. Se puede amar y compartir en formas muy diferentes. Sin embargo, cuanto más compartes y más amas a los demás, más te implicas, por ello, también ganas mucho más: momentos bonitos, disfrutar del presente, experiencia vital, sabiduría práctica…

El gran problema surge cuando con los años, como consecuencia de las decepciones lógicas de la vida, existen personas que se encierran en sí mismas, marcan una gran distancia respecto a los otros para poder protegerse. Vivir a la defensiva te protege de ciertos sufrimientos, sin embargo, te genera otros mucho más graves. Por ejemplo, la pérdida de esperanza.