La vida llevada al límite
Vivir el presente es una cosa y otra muy diferente, buscar el riesgo extremo, vivir al límite para experimentar emociones y sensaciones diferentes. En este caso, aquellos que tienen una visión de la vida de este tipo, confunden la felicidad con la emoción. Por ello, sin ese tipo de vivencias sienten aburrimiento, rutina y vacío. Generalmente, son algunas personas jóvenes las que intentan vivir al límite.

Evidentemente, no es una afirmación general. Sin embargo, algunos jóvenes sí tienen el deseo de conducir a gran velocidad cuando van en el coche sin valorar los posibles riesgos. Del mismo modo, algunos jóvenes son incapaces de salir un sábado por la noche a bailar en la discoteca sin beber alcohol. Es decir, parte de la juventud asocia la diversión con el consumo de bebidas alcohólicas. Lo cierto es que apostar por una vida sana es fundamental, pero también es positivo aprender a pasarlo bien, sin necesidad de caer en este tipo de hábitos. Hábitos que también pueden ser tan nocivos como las drogas que producen un estado de euforia artificial. Lo cierto es que cualquier persona, más allá de la edad, puede tener la tendencia de llevar las cosas al extremo.

Detrás de la noción de la vida llevada al límite, existe la sensación de vivir a tope, de creer que se ha alcanzado la perfección. A veces, cuando ciertas vivencias llevadas al límite terminan en tragedia, es cuando se toma conciencia de que algo no iba bien. Merece la pena aprender a vivir plenamente desde un punto de vista emocional, pero ello, implica hacer uso del sentido común y de la prudencia. La felicidad es algo mucho más profundo que una emoción o que el estado de ánimo. Y es que, el estado de ánimo es cambiante.

A la hora de vivir, también es positivo hacer caso de los consejos de los demás. Por ejemplo, de aquello que te dicen tus padres porque son quienes más te quieren y desean tu bien. En la vida se deben asumir riesgos, pero con sensatez.